martes, 9 de agosto de 2011

Resistencia atemporal

Estoy hecha de material barato. Afirmo, sentencio y punto en boca.
Intentos de arreglo fallidos, que si unas vendas por aquí, que si unas cintas por allá. Soy como los electrodomésticos de ahora, cuando crees que has solucionado algo, falla por otro lado.
Mis pensamientos un enjambre de líos, y ya no hablemos de aquello que llaman sentir, ir, venir, volver, liar, para acabar en el mismo punto de siempre, repitiendo.
¿Alguien me entiende? No creo que alguien tenga el atrevimiento de seguirme, se perderían en la primera vuelta entre enganchones o quizá no aguantarían mi ritmo de reparación. Es costoso, trabajoso y encima, la diversidad de deterioros es numerosa.
Defectuosa, la fábrica no estaría en su mejor día en la hora de mi encargo, quizá se ocupaban de otras tareas a la vez.
Pero... igual no es todo tan malo. Soy como esos juguetes antiguos, esos que tras gotas de SuperGlue y cinta aislante, aún se puede jugar conmigo.

martes, 12 de julio de 2011

Etimológicamente desocupada.

Me zambullo en el agua, el calor me ha obligado a salir del mundo que he creado al pasar las páginas. Qué bien sienta. Y miro atrás, me doy la vuelta y ahí está.
Esas casitas blancas que parecen de dibujo rodeadas de palmeras y valladas por un paseo que limita este lugar, haciéndolo, como realmente es, tan singular y curioso que nadie lo conoce. Pero paradojas de esta vida, quien menos te lo esperas ha oído hablar de él.
El mar me susurra cosas que no llego a entender. La arena me calienta y me acomoda, me invita a volver. El olor que eché de menos y que nunca echaré a la mar. El viento que ahuyenta a los exquisitos y trae consigo las algas del mar.

Se me acumulan las sonrisas, las risas, la vuelta en mis pisadas, retroceder a mis pasos más tempranos, rememorando las calles y las anécdotas más lejanas, mirando a los ojos de la infancia crecidos y pasados ya los veinte. Antigua añoranza tan descrita y popular que se asemeja a lo trivial, pero que, sin embargo, se convierte en el encanto y la sensación embaucadora que me hace sonreír al tumbarme en el mar.
Preventivamente recomendada, vacare.

domingo, 12 de junio de 2011

Recuerdos para recordar

Serán los días que se van convirtiendo en rutina, esta nueva de pasar páginas y subrayar líneas. Será que se acerca el principio del verano y el final de algo que en un principio, siquiera empezó.
Y se mueven los minutos más rápido de lo que debieran, los días se tachan solos en el calendario y ya estamos a mitad de mes. Este final que se queda en junio y no espera a diciembre, que se queda en un treinta y no en un treinta y uno.  En contra de todo pronóstico se aleja el calor y el despertar del sol. Solo quiero un abrazo, algo que me recomponga por un segundo y detenga el tiempo para hacer que su pérdida no parezca tan trascendente.
Que no me importan otras cosas, me importa lo que nunca fue suficiente: saber que ha superado el día a día al haberme hecho a la idea. "¿Quién no tiene interés en ti, rubilla?"

viernes, 20 de mayo de 2011

Hora sexta

Mi alma se abraza a la respiración suave precedente a una dulce siesta, se amansa con el olor del café recién hecho, se estremece con la brisa que corre por la ventana. Espera a que las sábanas se acomoden a su silueta, a que le rocen la piel como en un beso. A que el calor se pegue a su inmaterialidad, a que le reconforte la suavidad de tu piel, el marrón de tus ojos; se amansa la fiera, me cierra los párpados con la lentitud y el tempo de un 2/4. El remover de la cucharilla, la extravagancia de la rutina tardina. Son las cuatro, hora sexta.

sábado, 14 de mayo de 2011

La sonrisa de Duchenne

Me desespero, te tengo en mente. Más de un mes, casi dos y ahora me acuerdo, te pienso... ¿qué hago? Decaigo, sonrío, imagino, vuelvo, recuerdo, miro, te miro... me desespero.
El silencio entre los libros ya se ha roto con risas en voz baja a las que los libros amenazan. Me quitas la silla, me  dejas caer al suelo... me pides perdón sin tener por qué. Me das lo que me hacía falta...te giro la cara, me quedo con las ganas, no te dejo. Lo siento, no puedo.

viernes, 22 de abril de 2011

Corsarios, al abordaje.

El salitre pegado a mis pestañas, a cada mechón de mi pelo, a cada poro de mi piel.
Decidí hace horas que no me perdonaría el volver a irme después de meses sin haber probado un pequeño bocado de su salado ser.
Y no esperaba menos de él. Un abrazo frío, repentino, que me deja sin respiración.
Que me hace volver a los revolcones de la infancia y a los juguetes de papel. Y aquí estoy de nuevo, meciéndome en su ajetreado arrullo con la cara mirando al sol; pensando que por qué no se detiene el mundo en este segundo y me duermo con el sonido de su son.
Y así, en este mar de tempestades, fondeadero para muchos y refugio para otros, me quedo salada como el mar.

domingo, 17 de abril de 2011

Tripulantes, sensaciones navegantes en un mar de tempestades.

La marea que se agita y el viento no para de susurrarme al oído que no se va, que se queda aquí conmigo estos días que he venido. Insiste y a veces me cansa la inoportunidad de su palabra, pero es cierto que si se calla, lo echo de menos. Constante como si fuese vital o es que simplemente ya se ha convertido en ello, como las pulsaciones o el respirar.
Y es que... ¡viento de levante que agita mis mediodías! Este viento inesperado de sol que me alborotó la melena al despertar y que con el paso de las horas tornó su suavidad en levantisco temporal. ¿Qué sería de esta playa, de mi amanecer de siempre sin que las hojas de las palmeras se doblaran hacia la derecha hasta rozar sus puntas con el suelo?
De alma mediterránea, viajero de corta travesía e ininterrumpible voluntad. Despertando mis mañanas a golpe de espuma en la roca, de gaviotas posadas en el cielo, de densa y cortante humedad. Así me levanta, abrazada al mar.